No sabéis lo contenta que estaba cuando me enteré de la publicación de este libro, y es que llevo años, literalmente, esperando una nueva de Stephanie Perkins, la autora que ocupaba ese maravilloso puesto de ser la creadora de mi libro favorito, Un beso en París (hasta que llegó Una corte de niebla y furia y lo desbancó, pero qué le vamos a hacer).
Y entonces va ella, publica nueva novela... ¡con protagonistas adultos, que encima son bibliotecarios! Ay, las ganas que tenía de que me encantara, y la decepción que me he llevado.
Ingrid, bibliotecaria, lleva once felices años con su novio de la universidad, Cory, pero... ni siquiera se han planteado la posibilidad de casarse, así que cuando la hermana de Ingrid anuncia su propio compromiso con su novia, ambos se sienten presionados y comienzan a reconsiderar su futuro, lo que los lleva a decidir tomarse un mes de descanso para salir con otras personas antes de iniciar sus planes de boda. Ella incluso tiene ya a alguien en mente, Macon, su compañero de trabajo, gruñón, y que le gusta desde hace años. No obstante, todo se tuerce, y cuando el mes llega a su fin, Ingrid está dispuesta a prorrogar el plazo para poder vivir su amor pendiente.
Me da mucha pena decir esto, pero, sintiéndolo mucho, esta novela no ha sido para mí: y no es un problema del romance lento (que lo es, extremadamente, porque hasta casi el final no va a haber nada), sino que con ese inicio, en el que se dan un tiempo pero ella ya lleva años pensando en su compañero... Personalmente, me ha resultado muy desagradable.
Y la verdad es que no ha logrado levantar desde ahí: ha sido una novela que se me ha hecho repetitiva, pesada, y poco romántica; lo que más me ha atraído ha sido la deriva laboral, pero ni eso ha logrado salvarla.
Una pena, en serio.


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