(Autoconclusivo) Editorial: Espasa
Laura Norton
¿Para qué negarlo? Desde que vi el título ya me llamó la atención, aunque la portada era un poco rara. Como ya sabréis los que me vais conociendo, no me leo las sinopsis, voy a lo loco a por los libros, así que por ese motivo no tenía ni la menor idea de qué pintaban ahí los flamencos. Pero lo que hizo que finalmente lo leyera fue que salió de lectura en el grupo de Whatsapp en el que estoy. Y aquí estamos.
Sara, nuestra protagonista, después de haber hecho la carrera de Química, decide que está harta de estudiar para las oposiciones y que quiere abrir su propia tienda y ser plumista. Sí, plumista. No había nada más moderno, oye. Pero ya sabemos todos que con la crisis es difícil conservar un negocio, y más uno de este tipo, además su novio Roberto está intentando conseguir un trabajo en París... vamos, que está bastante agobiada y sola en su piso y su tienda. Hasta que un día se le empieza a desbaratar toda su vida cuando su hermana Lu -la modelo- dice que se casa ¡con veinte años! ¿Y el novio? Pues uno de treinta que resulta ser Aaron Humilde, del que estuvo enamorada Sara en el instituto y con el que finalmente no llegó a haber nada.Y por si esto fuera poco, sus padres tienen problemas porque su madre ahora dice que está harta de todos y que tiene un amante. Total, que su padre, su hermana y su futuro marido se meten a dar guerra en casa de la pobre Sara, que esperaba estar sola para cuando su novio viniera a Madrid después de un año sin verse.
Me ha sorprendido y encantado que ya desde el principio consigues meterte en la historia y en la vida de Sara como si sus problemas fueran los tuyos y esa loca familia también fuera tuya, además está contado de una manera muy cercana, plasmando exactamente una conversación real, como las que tienes con tus amigos o con tus hermanos, por lo que no se hace nada pesado sino que te engancha cada vez más. Además, logra transmitirnos cómo cuando parece que ya está todo hecho, nuestra vida da un vuelco y nos quedamos patas arriba cual tortuga (sé que ahora os estáis imaginando una tortuga con las patitas hacia arriba) -lo que ocurre a lo largo de todo el libro, cuando estás seguro de que va a ir bien... patapám.
-Tú calla, que no va contigo-dijo mi padre. -Vale, vale...-dijo Lu-. Yo si eso no intervengo, que total, como debo de ser adoptada, para qué opinar sobre lo que pase en esta familia.-¿Quieres dejar de decir que eres adoptada?-le pidio mi madre perdiendo la paciencia-. Si eres igualita que tu padre. Igualita.-Pues qué bien-Respondió Lu con ironía.-Tu hija y yo no nos parecemos en nada-puntualizó mi padre.-Ah, que ahora es solo mi hija, que la debí de tener con el carnicero.
Lo que es el argumento por sí solo la verdad es que no da para mucho, pero no importa porque lo importante de este libro es cómo está contado y cómo intentan "arreglar" las situaciones los personajes, lo que acabará desembocando en un montón de situaciones cómicas y un poco extrañas, porque lo que no le pase a Sara, no le pasa a nadie.
Los personajes me han gustado bastante, aunque como viene pasándome de un tiempo a esta parte una gran cantidad de ellos no me han caído muy bien; entre la madre, que ahora quiere ser libre; el padre, que tiene una crisis de edad o lo que sea; y Lu, a quien le importa más bien poco los problemas de los demás mientras ella pueda hacer lo que le dé la gana... Yo con esa familia me desesperaría, eh. En cuanto a Sara, no es que me haya caído mal, pero tampoco ha llegado a convertirse en mi MAPS, había momentos en los que me daban ganas de gritarle un poco y otros en los que me daba penita, porque es que no se puede ser más gafe, todo la sale mal a la pobre.
Sinceramente quien más me ha gustado ha sido Eric, que aunque no aparece mucho, es tan majo y tan querible que me encantaría que nos hubiera contado algo más de él. Pero me he quedado con la sensación de que si bien cada uno es como es, todos en esta historia se parecían en que únicamente pensaban en sí mismos, por encima de todo lo demás estaban ellos, y si tenían que pasar por encima de alguien lo hacían. Vamos, igual a vosotros no os lo parece, pero ya digo que es lo que he sentido yo.
En conclusión, no es una obra maestra, pero me pasé un muy buen rato leyéndolo y echándome unas risas con los problemas de Sara, así que sí, lo recomiendo, es una lectura fresca y original para una tarde de verano.

